lunes, 9 de mayo de 2016

CLARISA ESMERALDA RAMOS VILLATORO

GESTIÓN INTEGRAL DEL RIESGO A DESASTRES:

RIESGO, VULNERABILIDAD Y DESASTRE:

En los últimos 20 años, las ideas y conceptos desarrollados en torno a los desastres han sufrido una transformación paradigmática, al menos en el plano científico- académico.

El conocimiento de las causas de ocurrencia de cierto tipo de amenazas que pueden desatar un desastre es una de las áreas en la cual la ciencia más avanzó. Actualmente, se sabe cómo se origina una inundación, un sismo, un huracán o una erupción volcánica, cuáles son las zonas que presentan mayor riesgo, en qué momento aproximado pueden tener lugar dichos fenómenos e, incluso, se estima su magnitud. En la medida que el desastre es polifacético, no es conveniente restringir su análisis a la perspectiva que hace predominar el conocimiento natural o tecnológico, porque el concepto de desastre es una categoría social.
Los desastres ya no se conciben como sucesos geofísicos aislados, singulares y extremos, sino que son manifestaciones de un proceso social continuo que impacta en las condiciones de la vida cotidiana de una sociedad. Comienza así a perfilarse un enfoque más integral, que analiza al desastre no sólo como producto sino también como proceso.

El desastre como producto puede ser de gran impacto, como lo fueron los terremotos de Kobe (1994) y de México, en 1985. Sin embargo, también se evidencia en la presencia de pequeñas rupturas o desequilibrios (inundaciones leves, cortes de luz, incendios puntuales, etc.) que suceden con mayor frecuencia pero que, acumulados, adquieren un valor significativo, a veces, hasta más importante que el de los grandes desastres.

El desastre como proceso se capta en la creación de las condiciones de riesgo a través del tiempo, como el resultado de la interacción entre determinados eventos desencadenantes (amenazas) y las vulnerabilidades de la sociedad. En tal sentido, la probabilidad de que un evento desencadenante se convierta en desastre depende de la vulnerabilidad de la sociedad o de ciertos grupos sociales.

Riesgo y desastre:

Cuatro conceptos fundamentales quedan así planteados: amenaza, riesgo, desastre y vulnerabilidad.
La amenaza se define como la probabilidad de ocurrencia de un evento detonador o desencadenante.
Estos eventos detonadores son tanto de origen natural, por ejemplo, lluvias, tormentas, erupciones volcánicas o sismos, como  de origen antrópico (diversos tipos de escapes y contaminación).

La vulnerabilidad se define socialmente y por consiguiente es una categoría sujeta a cambios. Esta se acrecienta como resultado de la actividad humana, del manejo incorrecto de los recursos que alteran ambientes locales y regionales. Como en un encadenamiento perverso, la vulnerabilidad aumenta la incapacidad de la población para absorber los efectos de un desastre. En este sentido, la vulnerabilidad, entendida como una condición de la sociedad, es un proceso históricamente constituido y en permanente transformación.

GESTIÓN DE RIESGOS DE DESASTRE:

La incorporación de una hipótesis de riesgo supone la existencia efectiva de una gestión de riesgos de desastre, que abarca tanto las políticas y acciones de mitigación, diagnóstico, preparación y prevención de desastres, que tienden a reducir la vulnerabilidad, como las estrategias de atención en la emergencia o capacidad de respuesta a los impactos inmediatos de un desastre, la rehabilitación y reconstrucción.

En este sentido la gestión del riesgo supone no sólo la intervención del gobierno sino también la interacción de distintos actores sociales públicos y privados que incorporen las hipótesis de riesgo en sus modalidades de interacción con la sociedad local.

No existe un antes, un durante y un después sino que se trata de fases concatenadas e integradas horizontalmente en las cuales, independientemente del peso diferenciado de cada actor institucional, se debe saber que lo que se haga en una fase incide sobre la otra, positiva o negativamente.

Desde una óptica fiscalista o estructural de la gestión de los desastres, la prevención se asocia con obras de ingeniería y la preparación se reduce a las actividades de alerta y evacuación o al estudio científico centrado en las ciencias de la tierra y la ingeniería.

El eslabón perdido de los desastres: la prevención y la mitigación:

La prevención se refiere al conjunto de actividades que buscan reducir o eliminar la incidencia de elementos físicos potencialmente dañinos. La reforestación, la estabilización de pendientes, el manejo integral de cuencas para reducir o evitar las inundaciones o deslizamientos constituyen actividades de prevención. También pueden incluirse ciertas obras de ingeniería, como diques, presas, etc.

El término mitigación refiere a aquellas actividades que intentan reducir la vulnerabilidad de una sociedad frente a los eventos físicos. Por actividades de mitigación debe entenderse las modificaciones en la estructura de la sociedad y en sus elementos constitutivos vinculados o relacionados con los tipos genéricos de vulnerabilidad (ideológica, cultural, educativa, política, social, etc., Wilches–Chaux 1993).

La Gestión:
La concepción social de los desastres no los reduce a productos o a las formas de enfrentarlos una vez ocurridos, sino que enfatiza su carácter de procesos a través de los cuales la vulnerabilidad se conforma históricamente.

Un desastre, en este enfoque, no es algo externo y extraordinario que irrumpe en el funcionamiento de una sociedad estabilizada, sino que es un producto y un proceso social, paulatinamente construido (un momento en la “normalidad” de una población determinada) en el contexto de "normalidad" de una población determinada.

LA GESTIÓN DEL RIESGO:

La ausencia de hipótesis de riesgo socialmente consensuadas se traduce en deficiencias en la gestión organizativa y en la implementación de políticas de prevención y reducción del riesgo de inundación.
Incorporar una hipótesis de riesgo significa cuestionar ciertos supuestos persistentes en el tiempo que tienden a colocar todo el énfasis explicativo en la ocurrencia de grandes lluvias impredecibles como eje del problema y la fe en la realización de obras de ingeniería como clave de su solución.

Por el contrario, una política de prevención y mitigación estaría asociada claramente a la definición del fenómeno como recurrente. En este sentido, la gestión debería impulsar tanto políticas estructurales (obras de ingeniería), como políticas no estructurales de mitigación de riesgo, tales como:
  • Prevención: incluye el manejo de sistemas de procesamiento de datos, de estimación de recursos y de escenarios de riesgo, de generación de normas y controles, de costos y cronogramas de actividades.
  • Disponibilidad y acceso a la información: tienen un carácter estratégico en planificar el ambiente socio-productivo; deben considerarse escalas temporales y espaciales articulando, según el caso, distintos tiempos históricos y escalas geográficas (local, regional).
  • Políticas públicas: deben definirse intersectorial, interjurisdiccional, e interdisciplinariamente, tratando de conciliar la sustentabilidad ambiental, la racionalidad técnica, la voluntad política y la equidad social; incorporando mecanismos de participación de los actores sociales en las distintas fases de las políticas, según modalidades adecuadas a cada etapa de los procesos.
  • Relaciones institucionales y jurisdiccionales: deben fortalecerse para una mejor gestión de los desastres.
El desafío de la gestión es reconocer el riesgo recurrente y construir una política de prevención y mitigación del riesgo con la participación de los actores involucrados.

La estrategia, las acciones y proyectos propuestos debieran:

ü Incluir activamente a la sociedad local a través de su participación.

ü  Estar justificados técnica, económica, financiera y ambientalmente.

üEstar apoyados y avalados por los actores sociales de la zona, la población y sus organizaciones. Los proyectos deben ser congruentes con las visiones y posibilidades de la población y factibles desde la perspectiva económica, social y cultural de la sociedad

ü  Lograr un equilibrio adecuado en la propuesta de distintos mecanismos de reducción de riesgo, incluyendo, un balance entre las medidas estructurales y no estructurales; la adecuación de las formas y componentes productivos, de los mecanismos financieros y seguros; y el fortalecimiento de las modalidades y condiciones generales de vida de la población que asegure una mejor capacidad de acción frente al riesgo de inundaciones.

ü  Estar acompañados por definiciones sobre las formas organizativas y las competencias institucionales requeridas para su implementación y continuidad. Según Herzer, Hilda et al.  (Julio 2004).
                                                       Río Selegua en Colotenango

COMENTARIOS:

La Gestión  Integral del Riesgo a Desastres en el municipio de Colotenango, es una preocupación latente, por eso sean realizado coordinaciones inter-institucional en la definición clara de roles de las instituciones en la gestión de riesgos. Por un lado tenemos a las instituciones  encargadas de identificar las amenazas, vulnerabilidades y riesgos; por otro lado, están los sectores y los distintos entes territoriales que deberán utilizar las informaciones técnicas para informarse y tomar decisiones sobre esos riesgos y priorizar acciones para reducirlos, siendo uno de los problemas latentes  el río Selegua que está altamente contaminado porque recibe aguas servidas, desechos sólidos y agentes químicos de los centros urbanos y rurales  situados en sus márgenes, pero principalmente los desechos líquidos del drenaje de la cabecera municipal.  Aun así es utilizado como principal medio de riego en algunas plantaciones principalmente tomate y otras hortalizas.
Con este riesgo, está en juega la vida humana de la población, de los vecinos del municipio como los de la cabecera departamental, ya que mucho de ese producto es comercializado a la Ciudad de Huehuetenango.

Referencia  Bibliográficas

Bartolomé, Caputo, Celis, Gurevich, Herzer, Petit, Rodriquez. (2000) "Gestión Municipal. Pergamino:Ciudad en Riesgo". En Informe sobre Desarrollo Humano en la Provincia de Buenos Aires, 2000. Honorable Senado de la Nación, Banco de la Provincia de Buenos Aires, Argentina. –

Caputo, M.G., Celis, A., Gurevich, R., Herzer, H., Petit, H. (1998) “Predicción e Imprevisión. Ese es el dilema social”. En Desastres y Sociedad, Nº9, RED, Perú.

Caputo, María Graciela e Hilda Herzer (1987). “Reflexiones sobre el manejo de las inundaciones y su incorporación a las políticas de desarrollo regional”. En Desarrollo Económico Nº 106, vol 27,  Buenos aires, Argentina.

Caputo, M.G., Hardoy, J.E., Herzer, H.M. (1985). “La inundación en el Gran Resistencia (Provincia del Chaco, Argentina) 1982 – 1983”. En Desastres Naturales y Sociedad en América Latina, Vol. Nº4, Grupo Editor Latinoamericano (GEL), Bs. As., Argentina.

Glantz, Michel. (1998) “Corrientes de cambio: el impacto de El Niño sobre el clima y la sociedad” Oficina de Asistencia para desastres -USAID, UNESCO. Chile.

Herzer, Hilda; Caputo, María Graciela; Celis, Alejandra; Gurevich, Raquel; Petit, Hernán; Bartolomé, Mara y Rodríguez, Carla.. “Grandes inundaciones en la ciudad de Pergamino: extraordinarias, pero recurrentes”. En Realidad Económica, Nº 175, noviembre de 2000.

Herzer, Hilda (1990). “Los desastres no son tan naturales como parecen”. En Medio Ambiente y Urbanización Nº 30: Desastres y Vulnerabilidad en América Latina, IIED-GEL, Buenos aires, Argentina.


https://www.researchgate.net/publication/237638971

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