CLARISA
ESMERALDA RAMOS VILLATORO
GESTIÓN
INTEGRAL DEL RIESGO A DESASTRES:
RIESGO,
VULNERABILIDAD Y DESASTRE:
En los últimos 20 años,
las ideas y conceptos desarrollados en torno a los desastres han sufrido una
transformación paradigmática, al menos en el plano científico- académico.
El conocimiento de las
causas de ocurrencia de cierto tipo de amenazas que pueden desatar un desastre
es una de las áreas en la cual la ciencia más avanzó. Actualmente, se sabe cómo
se origina una inundación, un sismo, un huracán o una erupción volcánica,
cuáles son las zonas que presentan mayor riesgo, en qué momento aproximado
pueden tener lugar dichos fenómenos e, incluso, se estima su magnitud. En la
medida que el desastre es polifacético, no es conveniente restringir su análisis
a la perspectiva que hace predominar el conocimiento natural o tecnológico,
porque el concepto de desastre es una categoría social.
Los
desastres ya no se conciben como sucesos geofísicos aislados,
singulares y extremos, sino que son manifestaciones
de un proceso social continuo que impacta en las condiciones de la vida
cotidiana de una sociedad. Comienza así a perfilarse un enfoque más integral,
que analiza al desastre no sólo como producto sino también como proceso.
El
desastre como producto
puede ser de gran impacto, como lo fueron los terremotos de Kobe (1994) y de
México, en 1985. Sin embargo, también se evidencia en la presencia de
pequeñas rupturas o desequilibrios (inundaciones leves, cortes de luz,
incendios puntuales, etc.) que suceden con mayor frecuencia pero que,
acumulados, adquieren un valor significativo, a veces, hasta más importante que
el de los grandes desastres.
El
desastre como proceso se capta en la creación de las condiciones de riesgo a través del tiempo, como el
resultado de la interacción entre determinados eventos desencadenantes (amenazas) y las vulnerabilidades de la
sociedad. En tal sentido, la probabilidad de que un evento desencadenante
se convierta en desastre depende de la vulnerabilidad de la sociedad o de
ciertos grupos sociales.
Riesgo
y desastre:
Cuatro conceptos
fundamentales quedan así planteados: amenaza, riesgo, desastre y
vulnerabilidad.
La
amenaza se define como la probabilidad de ocurrencia de un
evento detonador o desencadenante.
Estos eventos
detonadores son tanto de origen
natural, por ejemplo, lluvias, tormentas, erupciones volcánicas o sismos, como de origen
antrópico (diversos tipos de escapes y contaminación).
La
vulnerabilidad se define socialmente y por
consiguiente es una categoría sujeta a cambios. Esta se acrecienta como resultado de la actividad humana, del manejo
incorrecto de los recursos que alteran ambientes locales y regionales. Como
en un encadenamiento perverso, la vulnerabilidad aumenta la incapacidad de la
población para absorber los efectos de un desastre. En este sentido, la
vulnerabilidad, entendida como una condición de la sociedad, es un proceso
históricamente constituido y en permanente transformación.
GESTIÓN
DE RIESGOS DE DESASTRE:
La incorporación de una
hipótesis de riesgo supone la existencia
efectiva de una gestión de riesgos de desastre, que abarca tanto las políticas
y acciones de mitigación, diagnóstico, preparación y prevención de desastres,
que tienden a reducir la vulnerabilidad, como las estrategias de
atención en la emergencia o capacidad de respuesta a los impactos
inmediatos de un desastre, la rehabilitación y reconstrucción.
En este sentido la gestión
del riesgo supone no sólo la
intervención del gobierno sino también la interacción de distintos actores
sociales públicos y privados que incorporen las hipótesis de riesgo en sus
modalidades de interacción con la sociedad local.
No existe un antes, un
durante y un después sino que se trata de fases concatenadas e integradas horizontalmente
en las cuales, independientemente del peso diferenciado de cada actor
institucional, se debe saber que lo que se haga en una fase incide sobre la
otra, positiva o negativamente.
Desde una óptica
fiscalista o estructural de la gestión de los desastres, la prevención se
asocia con obras de ingeniería y la preparación se reduce a las actividades de
alerta y evacuación o al estudio científico centrado en las ciencias de la
tierra y la ingeniería.
El
eslabón perdido de los desastres: la prevención y la mitigación:
La prevención se refiere al conjunto de actividades que buscan reducir
o eliminar la incidencia de elementos físicos
potencialmente dañinos. La reforestación, la estabilización de pendientes,
el manejo integral de cuencas para reducir o evitar las inundaciones o
deslizamientos constituyen actividades de prevención. También pueden incluirse
ciertas obras de ingeniería, como diques, presas, etc.
El término mitigación refiere a aquellas
actividades que intentan reducir la
vulnerabilidad de una sociedad
frente a los eventos físicos. Por actividades de mitigación debe entenderse
las modificaciones en la estructura de
la sociedad y en sus elementos constitutivos vinculados o relacionados con
los tipos genéricos de vulnerabilidad (ideológica, cultural, educativa,
política, social, etc., Wilches–Chaux 1993).
La
Gestión:
La concepción social de
los desastres no los reduce a productos o a las formas de enfrentarlos una vez ocurridos,
sino que enfatiza su carácter de procesos a través de los cuales la
vulnerabilidad se conforma históricamente.
Un desastre, en este
enfoque, no es algo externo y extraordinario que irrumpe en el funcionamiento
de una sociedad estabilizada, sino que es un producto y un proceso social,
paulatinamente construido (un momento en la “normalidad” de una población
determinada) en el contexto de "normalidad" de una población
determinada.
LA
GESTIÓN DEL RIESGO:
La ausencia de
hipótesis de riesgo socialmente consensuadas se traduce en deficiencias en la
gestión organizativa y en la implementación de políticas de prevención y
reducción del riesgo de inundación.
Incorporar una
hipótesis de riesgo significa cuestionar ciertos supuestos persistentes en el
tiempo que tienden a colocar todo el énfasis explicativo en la ocurrencia de
grandes lluvias impredecibles como eje del problema y la fe en la realización
de obras de ingeniería como clave de su solución.
Por el contrario, una
política de prevención y mitigación estaría asociada claramente a la definición
del fenómeno como recurrente. En este sentido, la gestión debería impulsar
tanto políticas estructurales (obras de ingeniería), como políticas no
estructurales de mitigación de riesgo, tales como:
- Prevención:
incluye el manejo de sistemas de procesamiento de datos, de estimación de
recursos y de escenarios de riesgo, de generación de normas y controles,
de costos y cronogramas de actividades.
- Disponibilidad
y acceso a la información: tienen un carácter estratégico en planificar el
ambiente socio-productivo; deben considerarse escalas temporales y
espaciales articulando, según el caso, distintos tiempos históricos y
escalas geográficas (local, regional).
- Políticas
públicas: deben definirse intersectorial, interjurisdiccional, e
interdisciplinariamente, tratando de conciliar la sustentabilidad
ambiental, la racionalidad técnica, la voluntad política y la equidad social;
incorporando mecanismos de participación de los actores sociales en las
distintas fases de las políticas, según modalidades adecuadas a cada etapa
de los procesos.
- Relaciones
institucionales y jurisdiccionales: deben fortalecerse para una mejor
gestión de los desastres.
El desafío de la
gestión es reconocer el riesgo recurrente y construir una política de
prevención y mitigación del riesgo con la participación de los actores
involucrados.
La
estrategia, las acciones y proyectos propuestos debieran:
ü Incluir
activamente a la sociedad local a través de su participación.
ü Estar
justificados técnica, económica, financiera y ambientalmente.
üEstar
apoyados y avalados por los actores sociales de la zona, la población y sus
organizaciones. Los proyectos deben ser congruentes con las visiones y
posibilidades de la población y factibles desde la perspectiva económica,
social y cultural de la sociedad
ü Lograr
un equilibrio adecuado en la propuesta de distintos mecanismos de reducción de
riesgo, incluyendo, un balance entre las medidas estructurales y no
estructurales; la adecuación de las formas y componentes productivos, de los
mecanismos financieros y seguros; y el fortalecimiento de las modalidades y
condiciones generales de vida de la población que asegure una mejor capacidad de
acción frente al riesgo de inundaciones.
ü Estar
acompañados por definiciones sobre las formas organizativas y las competencias institucionales
requeridas para su implementación y continuidad. Según Herzer, Hilda et al. (Julio 2004).
Río Selegua en Colotenango
COMENTARIOS:
La Gestión Integral del Riesgo a Desastres en el
municipio de Colotenango, es una preocupación latente, por eso sean realizado
coordinaciones inter-institucional en la definición clara de roles de las
instituciones en la gestión de riesgos. Por un lado tenemos a las
instituciones encargadas de identificar
las amenazas, vulnerabilidades y riesgos; por otro lado, están los sectores y
los distintos entes territoriales que deberán utilizar las informaciones
técnicas para informarse y tomar decisiones sobre esos riesgos y priorizar
acciones para reducirlos, siendo uno de los problemas latentes el río Selegua que está altamente contaminado
porque recibe aguas servidas, desechos sólidos y agentes químicos de los
centros urbanos y rurales situados en
sus márgenes, pero principalmente los desechos líquidos del drenaje de la
cabecera municipal. Aun así es utilizado
como principal medio de riego en algunas plantaciones principalmente tomate y
otras hortalizas.
Con este riesgo, está
en juega la vida humana de la población, de los vecinos del municipio como los
de la cabecera departamental, ya que mucho de ese producto es comercializado a
la Ciudad de Huehuetenango.
Referencia Bibliográficas
Bartolomé, Caputo, Celis, Gurevich, Herzer,
Petit, Rodriquez. (2000) "Gestión Municipal. Pergamino:Ciudad en
Riesgo". En Informe sobre Desarrollo Humano en la Provincia de Buenos
Aires, 2000. Honorable Senado de la Nación, Banco de la Provincia de Buenos
Aires, Argentina. –
Caputo, M.G., Celis, A., Gurevich, R., Herzer,
H., Petit, H. (1998) “Predicción e Imprevisión. Ese es el dilema social”. En
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Caputo, María Graciela e Hilda Herzer (1987).
“Reflexiones sobre el manejo de las inundaciones y su incorporación a las
políticas de desarrollo regional”. En Desarrollo Económico Nº 106, vol 27, Buenos aires, Argentina.
Caputo, M.G., Hardoy, J.E., Herzer, H.M.
(1985). “La inundación en el Gran Resistencia (Provincia del Chaco, Argentina)
1982 – 1983”. En Desastres Naturales y Sociedad en América Latina, Vol. Nº4,
Grupo Editor Latinoamericano (GEL), Bs. As., Argentina.
Glantz, Michel. (1998) “Corrientes de cambio:
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Herzer, Hilda; Caputo, María Graciela; Celis,
Alejandra; Gurevich, Raquel; Petit, Hernán; Bartolomé, Mara y Rodríguez,
Carla.. “Grandes inundaciones en la ciudad de Pergamino: extraordinarias, pero
recurrentes”. En Realidad Económica, Nº 175, noviembre de 2000.
Herzer, Hilda (1990). “Los desastres no son tan
naturales como parecen”. En Medio Ambiente y Urbanización Nº 30: Desastres y
Vulnerabilidad en América Latina, IIED-GEL, Buenos aires, Argentina.
https://www.researchgate.net/publication/237638971

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