Los valores ambientales o como
también se le conoce, la educación ambiental, no es un área del saber como tal,
pues no hay definiciones específicas que se le acrediten, sólo conceptos
relacionados al área de la naturaleza y el ambiente. Se podría definir pues,
como el proceso de enseñanza de valores para la concienciación de protección al
medio ambiente.
Por lo que, los valores ambientales, deben aportar herramientas que
hagan énfasis en la obtención de nuevas maneras de reubicación del saber de
todos los actores sociales, en la que la acción que ablande la conciencia
de los seres humanos abarque no solo su cotidianidad a lo más próximo en su
entorno de vida, sino hasta lo más lejano, que se contemple y se acepte al
mundo en una escala global y que la participación e intervención del hombre
sobre la naturaleza y el ambiente se entienda y reflexione de forma global. (http://conceptodefinicion.de/valores-ambientales/)
Cotidianamente, cuando hablamos de valores, nos referimos a cualidades
positivas que se atribuyen a alguien, o bien, el grado de importancia que nos
representa algo. A lo largo de la historia ha recibido distintas cargas
semánticas, desde sus orígenes greco-latinos. Es destacable su acepción desde
el griego como organizadora de escalas, axiología, y desde el latín como estar
vigoroso, sano.
Construir, recuperar y fomentar aquellos
“valores” que modelan la conducta a una acción armónica y pacífica, es objetivo
general para la educación actual.
Educar en valores supone transmitir conceptos
que tienen la capacidad de condensar en su mera formulación motivaciones,
intenciones, propósitos, adhesiones, rechazos, etc. El valor es mucho más que
un concepto del intelecto y tiene la capacidad de afectar al ser humano como un
ser total, es decir como ser intelectual y sensible. Es por ello que educar en valores es tanto una educación
en el rigor lógico que debe conducir elecciones ponderadas como una educación en el sentimiento y en las
emociones. (Barra Ruatta, 2002)
Autor. Clarisa Ramos
Autor. Clarisa Ramos